Soldados Santistebeños en el Desastre de Annual

Artículo publicado originalmente en la revista Pascuamayo 2021 de Santisteban del Puerto

Este año se conmemoran el centenario del Desastre de Annual, una de las peores derrotas sufridas por el ejército español en su historia.

España siempre estuvo presente y mantuvo intereses en el norte de África, dada la posesión de Ceuta y Melilla y otras plazas de soberanía desde siglos atrás.

Tras la pérdida de las colonias de ultramar en 1898, España se lanza a una nueva aventura colonizadora en el norte de África. Inicialmente se establece una zona de influencia y en 1912 se crea un protectorado en la zona norte con capital en Tetuán.

Sobre el papel, España cumplía la noble misión de traer el progreso a la zona, civilizar y pacificar aquel territorio poblado por tribus enfrentadas entre sí, alfabetizando y construyendo infraestructuras. La realidad es que pesaron más los intereses económicos por los yacimientos mineros y el atractivo que tenía para parte del ejército esta aventura, vista como una oportunidad para lograr méritos y ascensos de manera rápida.

Produce una enorme tristeza comprobar que España era un país decadente, en gran parte subdesarrollado, con gran tasa de analfabetismo, sin apenas industrializar, dominado por una oligarquía sustentada en el caciquismo, y donde la corrupción estaba instalada a todos los niveles -también en el propio ejército-. Y, sin embargo, esas élites gobernantes, en lugar de procurar el progreso de su propio país, enviaron a aquellos compatriotas que en su mayoría apenas tenían para comer, a los que no sabían leer ni escribir, a los que necesitaban de manera flagrante esa “civilización”, a una misión suicida con la excusa de “civilizar” a otros.

El norte de África era visto por los más humildes como un destino fatal. El rechazo a la aventura colonial africana se había acrecentado a raíz de la Semana Trágica de Barcelona de 1909, en protesta por el decreto de movilización de reservistas, fundamentalmente padres de familia de clases humildes que no podían realizar un pago en metálico para librarse, y que terminaron pereciendo en el llamado Desastre del Barranco del Lobo en ese mismo año.

Si bien con la ley de reclutamiento de 1912 se eliminó la redención en metálico para eximirse por completo de cumplir el servicio, siguió existiendo la figura del “soldado de cuota”, que acortaba la duración y mejoraba sus condiciones pagando determinadas cantidades, naturalmente fuera del alcance de las clases populares.

Así, en el reclutamiento de cada año, los más humildes que no tenían posibilidad de pagar ninguna cuota, entraban en el sorteo, siendo el Protectorado del norte de África uno de los destinos más temidos, del que poco podían hacer los menos pudientes para librarse.

Y en este contexto, en julio de 1921, como consecuencia de unas desafortunadas y polémicas decisiones estratégicas de la Comandancia General de Melilla, miles de españoles fenecieron en un desastre militar sin precedentes, una masacre fruto de la emboscada rifeña en la que el caos se apoderó de toda la jerarquía de mando y terminó con más 8.000 españoles muertos. Fue el llamado Desastre de Annual.

Uno de los santistebeños ilustres de todos los tiempos es sin duda Pedro González Cabot. Pedro fue un soldado de reemplazo que, en ese “sálvese quien pueda” que supuso el desastre, se hizo cargo de un niño en medio de la huida y lo tuvo bajo su protección durante el asedio a Monte Arruit. La fortificación de Monte Arruit sirvió para que se atrincheraran más de 3000 soldados españoles. Durante el asedio los atrincherados vivieron un auténtico infierno, fundamentalmente por la ausencia de agua potable. Tras varios días sin provisiones y viendo que no llegaban refuerzos, los soldados españoles tuvieron que rendirse, pero trágicamente el enemigo rifeño no respetó la vida de los combatientes y los masacraron a casi todos tras la rendición. Cuando se reconquistó la posición por el ejército español, los cuerpos de Pedro González Cabot y el niño fueron encontrados juntos y abrazados.

Fuente del Artillero Cabot - Santisteban del Puerto
Fuente del Artillero Cabot – Santisteban del Puerto

Hoy se recuerda al Artillero Cabot precisamente con una fuente en Santisteban, presidida por un relieve esculpido donde se representa el noble y supremo gesto que tuvo Cabot de saciar la sed del pequeño, cediéndole las últimas gotas de agua de su cantimplora.

Las particularidades de esta historia son objeto de investigación por parte de Jesús Castillo Vidal y nos las ha trasladado en diversas conferencias y artículos que referenciamos al final.

Por su gesto heroico y humano en medio de aquel horror, Pedro González Cabot es sin duda el más conocido de los santistebeños que perecieron en el norte de África en 1921, pero no el único. Además de Pedro González, conocemos también a Miguel Solórzano Vela, Juan Martínez Lorite y Pedro José Merino Manjón. Los cuatro eran del reemplazo de 1919.

De Miguel Solórzano Vela sabemos que estuvo destinado en el regimiento de infantería África nº 68 y fue reconocido como desaparecido.

De Juan Martínez Lorite conocemos que perteneció a la segunda escuadrilla de aviación de Zeluán, y fue muerto en combate. Es bastante probable que muriese precisamente en Zeluán, donde se encontraba el aeródromo de la zona que fue atacado y destruido por los rifeños.

Sobre la persona de Pedro José Merino Manjón tenemos algo más de información, pues Pedro era tío por parte de padre de mi abuela paterna, y en casa siempre escuché numerosas historias, con un trasfondo siempre trágico, sobre lo que supuso su desaparición para la familia, especialmente para su madre, Isabel Manjón Ruiz.

El santistebeño Pedro José Merino Manjón con el uniforme del África 68- Melilla hacia 1920. Desapareció en el desastre de Annual en julio de 1921
El santistebeño Pedro José Merino Manjón con el uniforme del África 68- Melilla hacia 1920. Desapareció en el desastre de Annual en julio de 1921

Cuando Pedro fue destinado a África, su madre Isabel ya sabía lo que era pasar por el sinvivir de tener un hijo allí destinado, pues Luis Merino, su hijo mediano, estuvo también en la Comandancia de Melilla cinco años antes. Tras el desastre, apenas se notificó a los familiares nada sobre los soldados, pues el caos fue la tónica general durante y después de los sucesos. Las familias quedaron en vilo a expensas de la prensa o con la esperanza puesta en recibir alguna comunicación que nunca llegaba. Muchas familias, desesperadas, escribieron carta a la Comandancia General de Melilla para obtener información. En el Archivo General e Histórico de la defensa existe una caja donde se recogen muchas de esas misivas en las que suplicaban conocer la situación de sus hijos. Sus ruegos y testimonios de angustia son desgarradores.

Mi familia nunca tuvo información concreta sobre la muerte de Pedro. Hoy, 100 años después, gracias a los archivos y publicaciones sobre el tema, hemos podido conocer más detalles sobre sus últimos momentos. Pedro Merino estuvo destinado como soldado de segunda en la 2ª Compañía del 3er Batallón del regimiento de infantería “África 68”. Conocemos este dato por la relación publicada en la extensa obra titulada “Intrahistoria del desastre de Annual” de Rafael Ángel Contreras. También que fue muerto en combate en la kábila de Beni Ulixek. Todo apunta a que su compañía se encontraba en el campamento de Annual.

La antigua posición española estaba situada en la meseta de una de las lomas del macizo montañoso de Arzú en la cabila de Beni Ulixek, muy próxima a la margen derecha del ouad Amakrane (río) y alcanzaba los 750 metros de altitud […] guarecida por una columna del Regimiento de Ceriñola. Las otras dos lomas más próximas que también formaban parte del Campamento estaban guarnecidas por tropas de Regulares la situada al norte y la situada hacia el sur estaba guarnecida por tropas del Regimiento África 68.

Colomar Cerrada, V. P. (2010) El infierno de Axdir: prisioneros españoles en el Rif, 1921-1923, 2010, Madrid
Vista general del campamento de Annual publicada en el ABC a 31-12-1920, fotografía de Salvador Zarco.
Vista general del campamento de Annual publicada en el ABC a 31-12-1920, fotografía de Salvador Zarco.

En el Expediente Picasso -instruido tras el desastre por el general Juan Picasso para depurar responsabilidades-, aparecen las declaraciones de un sargento llamado Agripino García, de la misma compañía que Pedro Merino, donde se detallan las circunstancias en las que se vieron sorprendidos. Nos ha servido para conocer en qué circunstancias falleció nuestro tío.

[…] mandaba la Compañía el Teniente Don Luis Fernández de Pinedo, habiendo además otro Teniente apellidado Seoane, ignorando el nombre del Jefe de la posición: que el día veintiuno de Julio de mil novecientos veintiuno, y sobre las seis de la tarde, salió con su Compañía que era la segunda del tercero, a prestar el servicio de seguridad y escucha, en las inmediaciones del rio que hay cerca del Campamento, sosteniendo fuego con el enemigo, durante toda la noche, regresando a las nueve de la mañana al Campamento, dejando los fusiles y correajes en sus respectivas tiendas y momentos después venía el diciente de hacer una necesidad y vio como la Compañía se encontraba nuevamente formada, por lo que cogió su fusil y correaje y se colocó en su puesto, viendo como desalojaban el reducto de Annual, saliendo con su Compañía en retaguardia, quedando en esta solamente, la quinta del tercero, y en el Campamento de Regulares la misma, del Regimiento San Fernando, protegiendo la retirada de la columna, que marchaban con dirección a Izumar y al llegar a una Kábila que hay cerca de la aguada y distante un kilómetro de Annual, el enemigo apocoyado en dicha Kábila, hacía un nutridísimo fuego, por lo que el Teniente Fernández, mandó desplegar y pasar por una parte de la Kábila, que no dominaba el enemigo, en desfilada de a uno, con distancia, para que una vez rebasada esta, ganar nuevamente la carretera y continuar la marcha, lo que una vez efectuado, un enemigo distribuido en todo el camino, les hacía intensísimo fuego y además, las fuerzas de Regulares y Policía, que en retirada desordenada, marchaban con la misma dirección que ellos, acometieron a las fuerzas europeas que a su paso encontraban al llegar a Izúmar, con el resto de su compañía, pues en el camino recorrido, les hicieron bastantes bajas, vio como las fuerzas Regulares que guarnecían las alturas próximas a esta, salían de las trincheras o acometieron también contra ellos, estando ya destruida en el fuego la citada posición y en sus alrededores había un numero incalculable de enemigos, que acometieron contra ellos, cogiendo al diciente prisionero y no sabiendo que fue del resto de la compañía.

Expediente Picasso. Signatura FC-TRIBUNAL_SUPREMO_RESERVADO, Exp.51, N.2, folio 2739

Sobre la familia, sabemos por el Boletín Oficial de la Defensa que en agosto de 1925 (4 años después de los terribles sucesos), se le concede a Isabel Manjón una pensión con carácter provisional, pues todavía las autoridades dejaban abierta la posibilidad de que el causante estuviese vivo. Es cierto que se conocieron algunos casos en los que, tras estar cautivos, algunos soldados pudieron escapar o fueron liberados, y regresaron a su tierra, pero la inmensa mayoría de los casos no tuvieron un feliz desenlace.

Los testimonios que escuché de los sobrinos directos de Pedro (mi abuela Isabel y mi tío abuelo Juan María) hablaban de que la abuela Isabel Manjón nunca perdió la esperanza de que su hijo siguiese con vida, y fantaseaba con la posibilidad de que hubiese escapado a aquel horror. Pensaba incluso que por mil azares se hubiera visto obligado a permanecer en aquellas tierras, y que, de alguna forma, quizá tras un largo cautiverio, se hubiera integrado en alguna kábila rifeña, formando una familia, y que sería cuestión de tiempo tener noticias de él. Sin duda Isabel se forjó una coraza contra la cruda realidad, y mientras se recreaba en esos pensamientos se desentendía de los rumores que llegaban sobre la extrema crueldad con la que los rifeños acabaron con muchos soldados españoles.

Como en todas las comunidades, en Santisteban también estaba más o menos arraigada la creencia popular en la existencia de videntes o personas con “gracia” capaces de vislumbrar desde este mundo las cosas del “más allá”. Por aquella época existía una vidente a la que llamaban “La Cerecica”. Isabel Manjón llegó a poner su esperanza en las supuestas capacidades de esta persona, y, junto con otras mujeres (quien sabe si las madres de los otros desaparecidos), participaba en sesiones en las que trataban de comunicarse con los fallecidos o confirmar que estaban vivos. Luis Merino, mi bisabuelo, que había conocido de primera mano la dureza y crueldad del Rif, quiso poner un punto de realismo sobre el fatal destino de su hermano pequeño. Él jamás aprobó ese tipo de reuniones, y haciendo gala de su temperamento y genio acusado, siempre mordaz y de carácter fuerte, llegó en más de una ocasión a boicotear estas sesiones. Hasta mis oídos llegaron el eco de viejas historias, en las que se decía que Luis, escondiéndose bajo la mesa, provocaba el pánico entre las comadres, tratando así de disuadir a su madre de tales disparates, según su parecer.

Además de estos cuatro Santistebeños, existe la concordancia de nombre y apellidos entre un integrante del reemplazo de 1919 en Santisteban y un fallecido en el desastre recogido en la citada obra de Rafael Ángel Contreras. Se trata del cabo Luis Fernández, de la 4ª Compañía del I Batallón del África 68. No podemos afirmar que se trate del mismo Luis Fernández que figura en el expediente de reclutamiento de Santisteban del Puerto, pero cabe la posibilidad.

Y finalmente, tenemos también constancia de un santistebeño superviviente a los sucesos. Se trata de Gregorio Briones Amor, del citado reemplazo de 1919, que se encontraba destinado en el 1er Batallón, 3ª Compañía, del regimiento África nº 68. Figura en la relación de Contreras y efectivamente podemos corroborarlo en este caso con los datos del Expediente Picasso. Su nombre aparece en el folio 1718 del Expediente 51 (pieza nº6), en el listado de supervivientes de la posición del Zoco de T´latza.

Desconocemos si hay más santistebeños involucrados en el desastre, tanto fallecidos como supervivientes. Es posible que además de los citados soldados pertenecientes al reemplazo de 1919 estuviesen presentes en los sucesos santistebeños de otros reemplazos.

Sea como fuere, próximos a conmemorar la fecha del primer centenario de estos sucesos, les hacemos justicia a todos los que allí murieron al tenerlos presentes en nuestra memoria, y los homenajeamos recordando ese injusto sacrificio que la historia siempre reserva a los más inocentes.

En recuerdo de todos aquellos jóvenes españoles, procedentes de todos los lugares de España, que dejaron su vida en las áridas tierras del norte de África.

Fuentes consultadas y referencias:

  • Archivo Histórico Municipal de Santisteban del Puerto – Expediente General de Reclutamiento de 1919.
  • Portal de Archivos Españoles – Expediente Picasso, signaturas:
    1. FC-TRIBUNAL_SUPREMO_RESERVADO, Exp.51, N.2, folio 2739
    2. FC-TRIBUNAL_SUPREMO_RESERVADO, Exp.51, N.6, folio 1718
  • Colomar Cerrada, V. P. (2010) El infierno de Axdir: prisioneros españoles en el Rif, 1921-1923, Madrid.
  • Contreras Cervantes, R.A. (2017) Intrahistoria del Desastre, Ministerio de Defensa, Madrid.

Es de interés el grupo de Facebook Annual1921 “100 años de historia”

La información sobre Juan Martínez Lorite y Miguel Solorzano Vela ha sido proporcionada por el investigador Santiago Domínguez Llosá, experto en el Desastre de Annual, que ha recopilado durante muchísimos años una amplia relación de desaparecidos y fallecidos de toda la geografía española.

Información detallada sobre el Artillero Cabot, las circunstancias de su reclutamiento y viaje a África son abordadas en diversos trabajos por el investigador Jesús Castillo Vidal:

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